¿Qué representan los animales en el Belén? El buey y el asno, las ovejas, pero también el camello, el elefante y el gallo. He aquí por qué los animales no pueden faltar en Navidad en el Belén
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En los numerosos artículos dedicados al Belén publicados a lo largo de estos años, nos hemos detenido a menudo en cómo cada elemento del Belén, desde los detalles del paisaje hasta los rincones y las tiendas, pasando por los personajes, tiene en realidad un significado simbólico preciso. Hablamos sobre todo del Belén napolitano, el que, por tradición, ha recibido a lo largo de los siglos el mayor número de influencias no solo religiosas, sino también del folclore y de la cultura popular.

Desde niños descubrimos que, en el Belén tradicional, la escena de la Natividad no está poblada únicamente por los personajes principales como la Sagrada Familia, los pastores y los Magos, sino también por una rica presencia de animales que contribuyen a crear una atmósfera de sencillez y humildad. Aunque en muchos casos su presencia pueda parecer puramente decorativa, cada animal posee un significado simbólico profundo que hunde sus raíces en la tradición cristiana y en las antiguas leyendas populares. Los animales siempre han tenido un papel fundamental en la vida de los seres humanos, y su presencia en la Biblia, en las parábolas de Jesús y en la vida de los santos, el primero entre todos, san Francisco, creador del primer Belén, no es casual. Esta presencia tan marcada está ligada al hecho de que el ser humano siempre ha vivido en estrecho contacto con los animales, obteniendo de ellos ayuda para el trabajo, compañía y alimento, y aprendiendo a defenderse de los más peligrosos. La convivencia entre el hombre y los animales refleja la relación profunda entre el ser humano y la Creación, mostrando la importancia de respetarla como signo de amor hacia Dios. Por ello, el papel central de los animales en las Sagradas Escrituras es completamente natural. Pero ¿qué representan los animales en el Belén?

Comencemos por los animales más típicos: el buey, el asno y las ovejas, en los que nos detendremos. En el Belén poseen una simbología profunda que remite a temas religiosos y a valores cristianos fundamentales, hasta el punto de que ya estaban presentes en el primer Belén, el realizado por San Francisco en Greccio. El buey, dócil y manso, simboliza al pueblo judío en su obediencia y sumisión a la voluntad de Dios, y evoca la paciencia, la fortaleza de ánimo y la disponibilidad al sacrificio. El asno, por el contrario, representaría a los paganos y a los pueblos gentiles que, aun sin conocer la ley judía, se abren con humildad al mensaje de salvación traído por Cristo. El asno, que acompaña a la Sagrada Familia en el largo viaje hacia Belén, encarna la humildad, la paciencia y la sencillez. Las ovejas, que acompañan a los pastores, son símbolo de inocencia, pureza y docilidad. La oveja es vista a menudo como la imagen del fiel que sigue al Buen Pastor, es decir, al propio Cristo.
Estos animales encarnan la sencillez y la participación activa en el misterio de la Natividad, indicando cómo toda la creación se inclina ante la grandeza del Salvador.

Otro animal que aparece con frecuencia en las representaciones del belén es el gallo, cuyo canto posee un valor simbólico particular. El canto del gallo anuncia la llegada de un nuevo día y, en este contexto, es símbolo del despertar de la humanidad a la luz traída por Cristo. Según algunas tradiciones, el gallo cantó la noche del nacimiento de Jesús, anunciando la buena nueva de su venida al mundo. Junto al gallo, a veces también está presente la gallina, que, con su gesto de empollar los huevos, simboliza la protección y el cuidado materno. Estos dos animales, estrechamente ligados a la vida campesina, subrayan una vez más el tema de la humildad y la sencillez que impregna toda la escena de la Natividad.

Junto a los pastores y a sus animales domésticos, el Belén acoge también a los animales exóticos traídos por los Magos, como el camello y el elefante. Estos animales, procedentes de Oriente, simbolizan la realeza y la riqueza, pero también la diversidad de los pueblos que se inclinan ante el Salvador. El camello, conocido por su resistencia y su capacidad para afrontar largos viajes, representa la fe que persevera a pesar de las dificultades. Este animal expresa la capacidad de superar los obstáculos para llegar a Cristo, como hicieron los Magos al atravesar desiertos y grandes distancias para adorar al Niño.
El elefante, animal majestuoso y poco común, suele asociarse con la sabiduría y la fuerza. En las representaciones de los Magos, puede verse como símbolo de las naciones lejanas que reconocen la grandeza del nuevo Rey.

Un elemento fascinante de las antiguas leyendas ligadas a la Natividad es la creencia de que, durante la noche del nacimiento de Jesús, los animales adquirieron el don de la palabra. Según estos relatos, se arrodillaban en señal de adoración y hablaban entre ellos en una lengua comprensible para los hombres, revelando secretos y presagios para el año venidero. Esta leyenda evoca la idea de un mundo natural en profunda armonía con el acontecimiento milagroso del nacimiento de Cristo, donde incluso los animales participan activamente en el gran misterio de la redención.
¿Por qué el asno y el buey están siempre presentes?
Entre todos los animales del belén, el buey y el asno son sin duda los más icónicos. Estos dos animales aparecen en casi todas las representaciones de la Natividad, aunque su presencia no se menciona en los Evangelios canónicos. Sin embargo, su importancia está avalada por los escritos apócrifos y por la tradición popular. El buey y el asno están siempre presentes en el belén porque encarnan símbolos de humildad, servicio y redención universal, y porque forman parte de la tradición popular que ha enriquecido el relato de la Natividad a lo largo de los siglos. Según una antigua leyenda, el buey y el asno ofrecieron su aliento caliente para dar calor a Jesús recién nacido, ayudando así a protegerlo del frío de la noche.
Juntos, estos dos animales simbolizan la redención universal, que incluye tanto a Judíos como a los Gentiles, subrayando la universalidad del mensaje cristiano. El buey, animal doméstico por excelencia, simboliza al pueblo judío, cuya tradición y fe prepararon el camino para la venida de Cristo. El asno, en cambio, representa a los paganos y a los pueblos gentiles que, aun sin haber conocido la tradición judía, se abren con humildad al mensaje de salvación traído por Cristo.

Tanto el buey como el asno son animales humildes y pacientes, utilizados en el trabajo cotidiano de la gente sencilla. Su presencia en el establo junto a Jesús subraya la sencillez y la humildad de las circunstancias en las que el Salvador del mundo vino al mundo. Esto refuerza la idea de que Cristo vino para servir y no para ser servido, identificándose con los pobres y los humildes.
En los relatos de la tradición, el buey y el asno tienen un papel concreto en la escena de la Natividad. Se cuenta que, con su aliento caliente, ayudaron a calentar al Niño Jesús, protegiéndolo del frío de la noche. Esta imagen refuerza el concepto de un mundo natural en armonía con el milagro del nacimiento de Cristo, donde incluso los animales ofrecen su ayuda. El buey habría atraído a la Sagrada Familia al establo con sus mugidos y habría renunciado a comer la paja para permitir a la Virgen preparar un lecho más cómodo para Jesús. En la narración popular, el asno habría acompañado a María y José en el largo viaje hacia Belén, convirtiéndose en un símbolo de devoción y disponibilidad al servicio.

La presencia del buey en el Belén remite a la obediencia y a la sumisión a la voluntad de Dios, que requieren paciencia y fortaleza de ánimo. El asno se asocia a menudo con la paz y la mansedumbre, rasgos que se reflejan en la sencillez del nacimiento de Jesús en un establo.
¿Dónde se coloca el asno en el Belén?
En el Belén tradicional, el asno suele colocarse junto al pesebre donde yace el Niño Jesús, cerca de la Sagrada Familia. Su posición simboliza cercanía y humildad y representa el papel que desempeñó durante el viaje de María y José hacia Belén. A menudo se sitúa junto al buey, con el que forma una pareja simétrica y complementaria. En muchas representaciones, el asno se coloca cerca de María, ya que, según la tradición, es el animal que transportó a la Virgen en el largo viaje de Nazaret a Belén. Simboliza, por tanto, el servicio y la devoción hacia la madre de Jesús.
La posición del asno varía ligeramente según las tradiciones locales y la composición del belén, pero su papel sigue siendo central para subrayar el tema de la humildad y el servicio. Según las reglas tradicionales del Belén, María y el buey se colocan a la derecha de Jesús, que se sitúa en el pesebre solo a la medianoche del 25 de diciembre. A la izquierda, junto a José, está el asno. Los Reyes Magos llegan el 6 de enero, procedentes de la derecha, es decir, de Oriente.
José, por tanto, se sitúa a la izquierda del Niño Jesús, es decir, a la derecha para quien observa el belén, y el asno se encuentra a su lado.

¿Qué representan las ovejas en el Belén?
Otro elemento simbólico esencial del Belén es la presencia de las ovejas y las cabras, que evocan inmediatamente la imagen de los pastores que, avisados por el ángel, acudieron a la gruta para adorar al Niño. La oveja, en particular, entre los animales del belén, posee un fuerte valor simbólico en la Biblia: representa la inocencia, la pureza y la humildad. Cristo mismo será llamado Cordero de Dios, expresión que evoca el sacrificio y la redención. En la iconografía cristiana, las ovejas representan a la comunidad de los creyentes y, al mismo tiempo, evocan al cordero sacrificial, símbolo de redención.
Una de las leyendas ligadas a la Natividad cuenta que una oveja, movida por la compasión, ofreció su lana caliente a la Virgen, para que María pudiera confeccionar una manta con la que abrigar al pequeño Jesús. Este gesto de generosidad refleja el tema de la ofrenda y del sacrificio, típico de la tradición cristiana, y representa la participación activa de los animales en la celebración del nacimiento del Salvador.

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