San Pablo de Tarso: historia de un misionero

San Pablo de Tarso: historia de un misionero

San Pablo de Tarso puede ser considerado el primer gran misionero de la Iglesia Cristiana. Su trabajo de proselitismo, su contribución en la difusión del mensaje del Evangelio en toda la cuenca del Mediterráneo, no tiene igual. Esta excelencia es aún más extraordinaria si se piensa en su conversión de perseguidor feroz de los cristianos a su pastor y defensor. Aunque él no había conocido personalmente a Jesús, paradójicamente él fue, entre sus discípulos, el más ferviente y apasionado. Su propia vida, de hecho, es un testimonio de la grandeza divina, del poder salvador de la Gracia.

San. Pablo nació en Tarso, en Cilicia, alrededor de 5-10 d.C. Su familia era de origen judío, pero disfrutó de la ciudadanía romana. Pablo, o Saulo, como se llamaba entonces, creció dentro de la cultura judía, e incluso sus estudios siguieron los dictados de la escuela rabínica.

Estatua San Pablo de Tarso
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Enviado a Jerusalén para estudiar, tuvo su primer contacto con los cristianos en sus ojos una secta de subversivos peligrosos para extirpar por cualquier medio en el nombre de la ley judía.

Al crecer, su fervor anti-cristiano se convirtió en una misión real. San Pablo, antes de convertirse en el hombre que iba a convertirse, contribuyó a la detención y condena de innumerables cristianos.

Fue justo durante la persecución de un grupo de cristianos que huían a Damasco que fue capturado por una visión repentina. Una luz del cielo lo golpeó, haciéndolo ciego, y una voz le preguntó: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”. Y él dijo: “¿Quién eres, Señor?”; y la voz: “Yo soy Jesús a quien tú persigues. Levántate, entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer”(Hechos 9, 3-7).

No fue fácil para Saulo comprender esa llamada, ni adaptarse a su nueva vida. Renegado por su propio pueblo, considerado con recelo por los que estaban acostumbrados a verlo como un enemigo, comenzó su predicación armado sólo con su entusiasmo. El encuentro y la asistencia con Pedro y los otros Apóstoles le hicieron informados acerca de la vida y la Palabras de Jesús. Desde entonces emprendió una serie de viajes apostólicos, a menudo acompañado por el apóstol Bernabé y otros discípulos y amigos. Conoció la persecución y el encarcelamiento, por los judios y los romanos, pero nunca se detuvo, animado por un celo inagotable, por una sed de verdad contagiosa. Su misión lo llevó al martirio, en Roma.

Las Letras y los textos que dejó están en la base de la Doctrina de la Iglesia tal como la conocemos.

Tocó en sus estudios y en su predicación todos los asuntos relacionados con la vida en la tierra de los hombres y el camino a la salvación.

En San Pablo la Iglesia reconoce uno de sus más grandes eruditos, y el primero de sus predicadores.