Misal Romano, la nueva edición entre tradición e innovación

Misal Romano, la nueva edición entre tradición e innovación

El Misal Romano, la nueva edición del libro que recoge todos los textos para la celebración de la Misa, pronto se distribuirá y con las celebraciones de la Pascua 2021 se convertirá en vinculante. Pero ¿qué ha cambiado en la Liturgia?

Estará disponible a finales de septiembre, pero ya puedes reservarlo en nuestra tienda online. Hablamos del Misal Romano, la nueva edición del libro que recoge todos los textos litúrgicos, la tercera edición para ser precisos, del libro litúrgico que se utiliza para celebrar la Misa católica.

¿Cómo cambiará el Misal en esta nueva edición? Habrá una gran innovación en las imágenes de acompañamiento de las páginas escritas. De hecho, a diferencia de la edición anterior, en la que las ilustraciones eran reproducciones de famosos cuadros y frescos sagrados del pasado, en esta nueva edición del Misal Romano se decidió confiar el componente figurativo a treinta artistas contemporáneos. Esta decisión ha dado lugar a largas diatribas entre los conservadores, que hubieran preferido mantener una representación iconográfica más tradicional, y los partidarios de la necesidad de modernizar también el arte sacro, respondiendo a la nueva sensibilidad de los artistas y usuarios.

Ya en 2008 la publicación del Leccionario litúrgico, es decir el libro que recoge pasajes de las Sagradas Escrituras que se utilizan durante las celebraciones litúrgicas y las diversas ceremonias y sacramentos, había suscitado idénticas controversias, y por las mismas razones. El Leccionario se organiza según criterios que dividen la lectura de la Biblia en un período de uno o tres años. El nombre Leccionario deriva del latín lectio, “lectura”. En 2008, tras la aprobación de la nueva traducción italiana de la Biblia, también se publicó la nueva versión del Leccionario, enriquecida con tablas creadas por artistas italianos contemporáneos, algunos de ellos no creyentes, y esta elección también había suscitado muchos desacuerdos.

Después de todo, es comprensible que cualquier operación que involucre las Sagradas Escrituras requiera años de estudio y debate, para satisfacer a todos. La última traducción de las Sagradas Escrituras promovida por la Santa Sede ha visto trabajar a un nutrido grupo de eruditos bíblicos, músicos y liturgistas que han colaborado durante años intercambiándose opiniones y experiencias.

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Evolución del Misal

Volviendo al Misal Romano, o Missale plenum, comenzó a usarse ya alrededor del siglo XI. Es comprensible cómo la Iglesia en ese momento sentía la necesidad de recopilar en un volumen único y ágil todos los textos necesarios para la celebración de la Misa, desde las oraciones a las devociones eucarísticas, desde el evangeliario al Leccionario, hasta los Cantos. Además de la practicidad de transporte del libro único, también existía una necesidad más profunda de unificar todos los ritos, que tendían a diferirse de una diócesis a otra.
No obstante, toda la historia del Misal a lo largo de los siglos se caracteriza, por un lado, por el deseo de unificación y, por otro, por mantener formas independientes en las diversas diócesis y realidades religiosas. Esto es inevitable si pensamos en los muchos elementos típicos que, más allá de los textos, constituyen la identidad de un rito.

La bula Quo primum emitida por el Papa Pío V de 1570 impuso el uso del misal romano a toda la Iglesia. Estamos hablando del Misal tridentino, promulgado después del Concilio de Trento (1545-1563). La bula, sin embargo, permitía algunas excepciones constituidas por las diócesis que poseían un antiguo misal independiente. Pensemos, por ejemplo, en el Misal ambrosiano para la Arquidiócesis de Milán, que todavía está en vigor en la actualidad. El mismo discurso de ‘independencia’ del Misal Romano es válido para algunas órdenes religiosas: hay, por tanto, un Misal dominicano, un Cisterciense, y así sucesivamente.
El Misal tridentino mostraba variaciones con respecto a versiones anteriores, especialmente en el calendario, en la lista de Santos (muchos santos legendarios se eliminaron), y la eliminación de textos sin base histórica.

Después del Concilio Vaticano II, se promulgó una nueva edición del Misal Romano en latín “restaurada por decreto del segundo Concilio Ecuménico del Vaticano”. Era 1970 y el Papa era Pablo VI, quien en colaboración con el Consilium ad exsequendam Constitutionem de Sacra Liturgia, una comisión de cardenales, obispos y peritos promovió esta nueva edición. Los cambios más importantes fueron el paso de una a cuatro oraciones eucarísticas; la simplificación de los ritos ordinarios de la misa; el aumento de las lecturas de pasajes bíblicos organizados en ciclos trienales y bienales dependiendo de los domingos o los días de la semana, recogidos en el Leccionario del que hablábamos hace poco; el aumento del número de las Oraciones; etcétera.

La primera versión italiana del Misal Romano fue aprobada por la Congregación para el Culto Divino en 1972 y promulgada por la Conferencia Episcopal Italiana en 1973, llegando a ser obligatoria a partir del día de Pentecostés

La segunda edición italiana del Misal Romano se remonta a 1983 y presenta varias novedades, no sólo desde el punto de vista de las traducciones, sino también adaptaciones relacionadas con la cultura italiana y los hábitos de la gente.

El motu proprio Summorum Pontificum emitido por el Papa Benedicto XVI en 2007 estableció que todos los sacerdotes pueden decidir utilizar en las misas celebradas sin el pueblo el Misal de 1962, en base a las peticiones de los fieles.

Misal romano tercera edición

La nueva edición del Misal Romano, que se publicará próximamente, muestra por un lado la voluntad de mantener lo ya definido en las versiones anteriores, mientras que por otro muestra una ulterior evolución de los principios y contenidos teológico-eclesiales del Concilio Ecuménico Vaticano II, tanto en términos de reflexión como de redacción. Por tanto, el nuevo Misal Romano se basa en gran medida en la versión renovada en latín, con las adaptaciones culturales necesarias. Esto se debe a que el propósito principal del Concilio Vaticano II había sido promover el respeto por la tradición, pero ayudando al pueblo de Dios a acercarse de una manera más activa y participativa a las celebraciones.

La profunda renovación litúrgica que se inició con el Concilio Vaticano II ha reevaluado sobre todo el papel del sacerdote en el ámbito de la celebración de la Eucaristía, transformándolo de único celebrante a guía de la asamblea. Él debe crear una correlación entre Cristo y los fieles reunidos, actuar como mediador. Entonces, no sólo el sacerdote representa a Cristo, sino que, gracias a él, la asamblea asume un papel más importante y una participación más profunda. Incluso la oración ya no se limita al sacerdote, sino que se vuelve común, basada en un concepto de conjunto.

La tercera edición italiana del Misal Romano muestra sus novedades ya en la “Presentación” insertada al principio del libro, en la que la Conferencia Episcopal Italiana ha querido definir de antemano la interpretación del libro en sí.

El texto mantiene la continuidad con los elementos de la edición de 1983: nuevas moniciones (invitaciones a la oración personal dirigidas por el celebrante a la asamblea) en el Ordo Missae; nuevos prefacios (partes iniciales de las oraciones eucarísticas); embolismos (breves oraciones que retoman las últimas palabras del Padre Nuestro “líbranos del mal”) en las Plegarias Eucarísticas; las nuevas antífonas de la comunión; referencias hagiográficas en los formularios; oraciones alternativas de acuerdo con el ciclo de tres años del Leccionario.

En cuanto a las diferencias, se han introducido cambios en la traducción de algunos textos, como el Padre Nuestro, el Gloria. Además, la nueva edición se caracteriza por la introducción de motivos musicales para acompañar los textos.

Entre las novedades, está la recuperación de la “oración sobre el pueblo”, antiguo elemento ritual presente en cada uno de los formularios del tiempo cuaresmal, que se había eliminado en las ediciones posteriores a 1970. Esta oración del pueblo no debe confundirse con la oratio super populum del Misal Ambrosiano. Se recita al final de la Misa como elemento de conclusión de la celebración. A diferencia de las otras tres oraciones de la Misa (Colecta, Sobre las Ofrendas y Después de la Comunión), que presentan una petición formulada por el celebrante en nombre de toda la comunidad, en primera persona del plural, con la “oración sobre el pueblo”, el sacerdote se dirige a Dios con la segunda persona del plural, en nombre de la asamblea, sin considerarse, sin embargo, parte de ésta, sino colocándose por encima de la comunidad, como intermediario, un mediador entre Dios y los fieles.

Productos útiles para el Misal

Toda una gama de útiles accesorios gira en torno al Misal y, en algunos casos, imprescindibles para el celebrante durante el ejercicio de sus funciones. Accesorios que, incluso si no pueden reclamar el papel de mobiliario sagrado real, sin embargo, a menudo tienen una importancia primordial durante la ceremonia.

Pensamos en el atril de mesa, que puede ser de madera, de latón envejecido, de metal, de plexiglás, imprescindible para colocar el Misal durante la Misa. Hoy en día también existen atriles giratorios, de estilo moderno, o clásicos y todavía envejecidos, según el estilo de la Iglesia.

Los marcalibros religiosos también son muy útiles para que el celebrante identifique fácilmente los distintos pasajes que leerá durante la función. Hay muchos hermosos, de madera de olivo o de tela, pero también modernos clips pisapapeles.

Nuevamente, para asegurar el máximo cuidado del Misal y de los libros sagrados en general, se encuentran a la venta estuches para libros Sagrados, con fundas en cuero verdadero, cuero sintético y otros materiales. No sólo bellos objetos para darle aún más solemnidad a la ceremonia, sino también protecciones reales para los libros más preciados.