Los Turíbulos en la función litúrgica

Los Turíbulos en la función litúrgica

El término ‘turíbulo‘ viene del latín thus, thuris “incienso”. De aquí el sinónimo con el cual el turíbulo a veces es llamado es ‘incensario‘. En latín también se indicaba como: thymiaterium, incensorium, fumigatorium.

El turíbulo es un recipiente de metal, habitualmente un jarrón, equipado con una tapa provista de aberturas. En el interior del jarrón, por encima de una fina capa de brasas, se coloca incienso en granos. Esto hace que el turíbulo propague alrededor un humo perfumado y aromático. Esto ocurre durante los servicios religiosos católicos, aunque la costumbre de quemar incienso o otras esencias perfumadas siempre ha pertenecido a la religiosidad humana, y objetos similares al turíbulo están presentes en muchos otros cultos y rituales.

Antiguamente los turíbulos estaban abiertos, poco más que cajas. Podrían ser transportados o colgados, pero no agitados. Hoy en día hay turíbulos fijos, también llamados quemadores de incienso: son pequeños braseros abiertos o equipado con tapa perforada, pero no pueden ser agitados. En la liturgia ambrosiana y oriental todavía están en uso estos turíbulos.

Los turíbulos comúnmente utilizados en los servicios religiosos occidentales están equipados con cuatro cadenas que hacen posible la suspensión y la ondulación ritual con las cuales se agitan en la asamblea de los fieles. Tres de las cadenas se utilizan para sostener el turíbulo, la cuarta sirve también para levantar la tapa e introducir el incienso.

El turíbulo está siempre acompañado por un recipiente más pequeño, la naveta, que sirve para acomodar el incienso de repuesto. El monaguillo asignado al turíbulo lleva este último en la mano derecha y la naveta en la izquierda, excepto revertir las manos en el momento de la presentación de los dos objetos al sacerdote.

El turíbulo se utiliza en algunos de los momentos clave de la celebración eucarística: al principio, antes de la lectura del Evangelio, durante el Ofertorio, en el momento de la consagración.

Durante las exequias, el sacerdote propaga el humo del turíbulo sobre el ataúd que contiene el cadáver para bendecirlo y purificarlo. De igual manera se  inciensan con el turíbulo las representaciones de la Virgen María y los santos.

 Turíbulos y navetas combinados pueden ser fabricados hoy en diferentes materiales, habitualmente de latón o bronce. A menudo son finamente elaborados, plateados, dorados, lisos, martillados, y decorados con acabados de alta artesanía.